"Alfa, acaban de dejar dos paquetes aquí," avisó educadamente el asistente de Alexander, mientras indicaba a su equipo que los bajaran con cuidado al suelo. Ambos paquetes eran bastante pesados, y se notaba a leguas que quien los había enviado había invertido tiempo y esmero en envolverlos. Como si de verdad quisiera dejar claro lo importante que era quien los recibía. Alexander dejó el almuerzo a medias, frunciendo el ceño mientras posaba la vista en una de las cajas, elegante, adornada con moñas y sin ningún emblema visible. Dificilísimo saber quién la había mandado. "¿De quién vienen?" preguntó serio. El asistente negó con la cabeza. "No lo sabemos. Los dejaron justo frente a la entrada. Los soldados que estaban ahí dijeron que eran para Lady Faye, pero el remitente no se

