Leah Stewart Me miro al espejo y el agotamiento es visible en mi expresión, las ojeras son cada vez más marcadas y aunque no suelo ser una persona vanidosa, creo que esta vez ni siquiera con maquillaje podré ocultarlas. Mi piel está pálida e incluso ha perdido su brillo, cosa que es normal en una persona que está sumamente agotada y que los últimos días, si acaso, ha pegado el ojo un par de horas. En mi reflejo, me veo enrollada en una toalla y con otra cubriendo mi cabello. Espero con paciencia y más cansancio del que puedo soportar a que Massimo regrese con mi ropa para poder salir de aquí de una vez por todas y poder ir a ver a mis pequeños. Estoy ansiosa por tener cerca a mis bebés, el cosquilleo en las palmas de mis manos me hace querer rascarme sin compasión, pero este es sinónimo

