GABRIEL Estaba ojeando unos papeles que un m*****o de la manada me había pedido que revisara, me había propuesto un negocio y quería saber si estaría interesado en invertir. Mi mente apenas podía concentrarse, llevaba siete horas seguidas trabajando sin descanso. Fue entonces cuando la puerta de mi despacho se abrió con un chirrido, Kennedy estaba envuelta en una manta mientras caminaba hacia mí, la levanté y la senté en mi regazo, su cuerpo se apoyó en el mío mientras apoyaba la cabeza en mi pecho. —¿No estás cansada, cariño? —No, no quiero dormir más—. Respondió, con los ojos fijos en el desorden que ocupaba mi escritorio. —¿Quieres colorear un rato? Tengo que terminar unas cosas y luego vemos una película—. Sugerí, cogiendo ya papel normal del cajón junto con algunos bolígrafos de

