CAPÍTULO VEINTINUEVE A Riley le costó concentrarse en el resto de la conferencia. No paraba de pensar en el asesino ni preguntarse: «¿Qué está haciendo ahora, en este preciso momento? ¿En qué está pensando?» ¿Ya había elegido a otra víctima? ¿Ya había secuestrado a otra? ¿O asesinado a otra? ¿Había un cuerpo maquillado y disfrazado tirado por ahí, aún no descubierto? Riley odiaba no saber lo que estaba pasando y no poder responder a estas preguntas. Cuando terminó la conferencia, se levantó de la silla rápidamente, con la esperanza de poder salir antes que el resto de los pasantes. Pero una vez que salió al pasillo, se detuvo. No tenía ningún otro lugar adónde ir ahora mismo. Se sintió impotente mientras los pasantes salieron del auditorio. Aún en el pasillo, los demás la pasaron

