CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE

1369 Palabras

CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE Riley yacía inmovilizada, sintiéndose desamparada. Quería golpear al hombre con sus puños o meterle un rodillazo en la ingle, pero no podía moverse. Era alto, enjuto y fuerte, y sus extremidades eran largas. Él tenía sus piernas debajo de sus rodillas, y con una gran mano sostenía sus dos muñecas sobre su cabeza. En su mano libre, aún sostenía el tubo. Riley se encogió de temor, pensando que le daría otro golpe en la cabeza. Pero en vez de golpearla, se metió el tubo en el bolsillo y agitó algo más en su cara. Vio una hoja brillante en la penumbra. —Puedo hacerlo ahora mismo —dijo el hombre sin aliento—. Puedo hacerte parecer tu verdadero ser. Nunca has visto cómo te ves en verdad, pero te juro que no te dejaré ir hasta mostrártelo. Riley estaba absolutament

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