Negarme, era casi imposible.

1094 Palabras
—No abuelo, por favor, no hagas de mi vida un infierno. —¿Y quién dice que tu vida será un infierno? —me hace esa pregunta mientras me limpia las lágrimas. Me levanto y me pongo en pié, estoy casi cojeando ante los ojos de la muchedumbre, mi abuelo, quien está sentado en una silla, me toma de la mano, me dirige ante los demás, y toca su campanita. Ante mi sorpresa, el llama la atención de todos los concurridos y les dice lo siguiente: —Esta chica hermosa que está aquí a mi lado, es Rosé, mi nieta menor. Veo como los ojos de Vanesa echan chispas al ver me y ver a mi abuelo anunciar. —Es la hija biológica de mi hijo John Amery.... mi nieta de 22 años. El bullicio no se hizo esperar, todos me miraban, empecé a llorar desmesuradamente. Sabía que no pasaría mucho para que Vanesa explotara, ella tenía un semblante como que quería tragar a medio mundo. —¡Abuelo, esta noche es mi noche! ¿porqué me arruinas mi noche de compromiso así? —Vanesa llora indiscriminadamente. —Abuelo, Vanesa tiene razón, cualquier cosa que tengas para mí, haz el anuncio en otro momento —le pido a mi abuelo para ver si me hace caso. Él dice: —Lo siento mi pequeña, tu prometido ya está aquí —levanto la mirada solo para ver entrar a un hombre bien vestido, su traje se veía a su medida a pesar de estar en una silla de ruedas. Ante la aparición de este sujeto, Vanesa se asombra primero, y luego se echa a reír como una loca y dice lo impensable o lo que menos se esperaba que diga. —Un discapacitado y una coja, eso si que es bueno, hacen muy buena pareja —dijo Vanesa mirándome, mi abuelo la miró con ojos fulminantes y se fue en contra de Vanesa. —Quiero que te vayas de esta casa, ¡ahora! —exclamó en voz alta, mi abuelo estaba tan enfadado que se le podía notar las venas azules en su frente. Los ojos de Vanesa se abrieron como cuencos. Ella nunca esperó que mi abuelo la mandaría al demonio por ofenderme, siempre lo hacía cuando estábamos a solas, hoy fue la primera vez que lo decía delante del abuelo y de tantas otras personas y sus propios invitados. —¡Abuelo, créanme lo dicho por Vanesa no me afecta, por favor, no la corras de casa. —¡No pequeña, si no ha tenido reparos en gritarte así delante de tanta gente, que no dirá cuando está a solas contigo! —Eso no me molesta, abuelo. —Llora, llora tus lágrimas falsas —me grita Vanesa muy enojada. Me limpié las mejillas, y miré en dirección a ellos, vi como Sebastián estaba a su lado, la consolaba, eso me partió el corazón. Pero fué mucho mas lo que apretaba mi corazón, lo que veía mi corazón, Sebastián abrazaba desde su espalda a Vanesa, él le habló al oído y luego dijo lo siguiente ante los presentes. —Quiero presentar a mi futura esposa, Vanesa Amery, por la situación suscitado ahora mismo, pretendo volar a las Vegas y casarme con ella de inmediato. —los ojos de Sebastián se clavaron en mí, mi dolor fue tan grande que no pude llorar en silencio. —Miren a esta mujer, será mi esposa en pocas horas —la risa de Vanesa se pudo escuchar en todo lo ancho y largo de aquella habitación enorme, ella se rió feliz, había olvidado tan pronto su dolor de hace un momento, su verguenza de hace un momento se había convertido en su más grande triunfo delante de mi. Y lo peor es que ella lo sabía, sabía cuánto me había enamorado de Sebastián, así que fue a buscarlo y lo encontró, lo sedujo y conquistó su corazón. Solo me quedaba una cosa por hacer, desear que le fuera bien, que al menos con él, Vanesa fuera buena, que lo amara realmente. Pero las sorpresas no acababan ahí, mi abuelo se acercó y saludó al hombre vestido de traje oscuro, tenía una melena suave caído a sus hombros, un rostro serio y determinado, lo miré fíjamente para encontrar una pizca de cordura en él, esperaba que él dijera, "todo es una broma" pero me había equivocado, varios hombres vestidos de traje se pasaron al lado de él y mío, el hombre al fin habló, el dijo: —Nos casaremos por el estado civil ahora mismo. —¿Qué? —dije asustada a la vez enojada, volví mi mirada a mi abuelo, pero él no me estaba prestando atención a mí, sino a él —mi abuelo sonreia feliz. —No quiero casarme con alguien a quien no he elegido —bufé con rabia. Ante la mirada de todos los invitados, quienes habían llegado para presenciar el compromiso de Vanesa mi hermana, estaban asistiendo sin querer a mi boda no planeada. —Abuelo, por favor —dije por última vez, porque el hombre en silla de ruedas firmó unos papeles que los abogados le pasó, luego me tocó el turno a mí, por última vez volví a ver a Sebastián, me di cuenta que él ni me miraba. Así que vi de nuevo a mi abuelo y tomé el bolígrafo, firmé el papel y con dificultad subí los escalones, quería encerrarme en mi habitación y olvidarme de él y de todo, era como si tuviera una pesadilla, del cual quería despertar. Me puse a llorar, enseguida la puerta de la habitación se abrió, como si fuera una pesadilla, miré al hombre en silla de rueda entrar, azotó la puerta de golpe, asustada me senté en la cama, lo miré cerca de la cama, él sentado en su silla de ruedas. —Ayúdame a darme una ducha —dijo él, no sabía si lo que pedía era un favor o una orden. —No lo haré —dije. —Bien, si no lo haces tú, traeré a una mujer para que me atienda —amenazó. —Haz lo que quieras —respondí dando la vuelta para marcharme. El hombre muy enojado me tomó de mi brazo, me quise soltar, pero me di cuenta que era un hombre fuerte, se sentía la fuerza en sus músculos. —Solo báñame, luego me iré —dijo fulminándome con unos ojos más oscuros que una noche tormentosa. ¿Desde cuándo yo bañaba a alguien, porqué debía de hacerlo con él? Mi mente estaba en shock.
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