—Hola Rosé, me llamo Alan Vader, trabajo en el área de contabilidad, no había tenido la oportunidad de presentarme, o nos han presentado.
—Si, disculpa señor Vader, estaba en algo importante e interrumpiste, ¿Se trata de trabajo?
—Ah, ¿te interrumpí? bueno me disculpa el atrevimiento —dijo con nerviosismo, luego agregó.
—Ha sido sin querer.
—Bien, entonces me voy, adiós.
—Pero, yo, qu-quería invitarte al cine esta noche.
—Tengo un televisor en casa, y tengo el servicio de netflix —dijo Rosé, dando a entender que no necesitaba ir al cine.
—Una película se disfruta mejor acompañado de alguien —insistió él.
—Aun creo que una película se disfruta mejor desde la comodidad de tu hogar.
—Y te voy a dar un consejo, señor Vader, mira para otro lado, no estoy disponible para ti. —Rosé fue contundente en su respuesta con el joven Alan, pues no quería dejar cabos sueltos o ideas equivocadas por ahí para que pensara de que quedaba esperanza de tener una relación con ella.
Pero lo que mas sobresaliera de toda esta escena fue ver al Alexis Rocco, detrás de la pared, escuchando la conversación, él había salido del edificio todo iracundo, se iba a ir, pero no soportó la idea de imaginarse a este hombre cortejando a quien fuera su "esposa" por lo que volvió solo para darse cuenta que su propia Chica había mandado al señor Alan a freír palomitas de maíz y hartarse solo.
—Rosé, te he observado a lo largo de este año, no has salido con nadie.
—Y ¿eso es de tu incumbencia?
—No, no digo eso, pero te haría mejor si sales conmigo.
—Y ¿si te digo que no quiero, que me siento bien así sola?
—Serias tan diferente al resto de la gente.
—Yo no soy el resto de la gente —dijo Rosé casi alterada.
—¡Calma! solo te invité al cine, no es para que te alteres así. —Rosé puso los ojos en blanco.
—Estoy creo que he sido lo suficientemente clara contigo —recalcó ella.
—Eres un ser amargado —dijo Alan mirándola fíjamente.
A Alexis no le faltaban las ganas de salir de su escondite para darle un puño en su trompa al hombre, quien al parecer no tenía sangre en la cara, por que le acababan de hacerlo aterrizar y el persistía, e incluso se atrevía a llamarla amargada a su musa querida.
—Rosé, si no sales conmigo, te arrepentirás —fueron las palabras expresas del hombre al sentirse rechazado, mientras que Rosé se fue del lugar.
Afuera en el estacionamiento, Rosé iba a a sentarse en el volante de su auto, fue alcanzada por Aneth, su compañera más cercana a ella.
—¡Rosé, no lo puedo creer! —ella sabía a lo que se refería, así que puso sus ojos en blanco.
—¡Rechazaste a ese hombre tan guapo, tan atractivo!
—Aneth, él te gusta, entonces declárale tu amor —sugirió Rosé.
—Sabes que no puedo hacer eso —dijo la amiga.
—El te quiere a ti —pero yo no a él, y así como tú a él si y yo no a él, tienes una alta gama de posibilidades para conquistarlo.
—Ya te dije, él te quiere a ti, no a mí —ella ya estaba perdiendo la paciencia con su compañera de trabajo.
—¿Porque no le aceptaste la cita? El merece ser feliz.
—¿Ah si, según tú, el merece la felicidad, pero y ¿que hay de mí?, el me cae como una patada a mi estómago —Alexis se puso a reír escuchando la conversación.
Al hombre en cada segundo que pasara, le gustaba mas su esposa.
—Mira, Aneth te voy a decir algo que no se lo he dicho a nadie —la tal Aneth abrió más sus orejas parando las antenas.
—¡Soy una mujer casada! —ante esta confesión, la manzana de Adán de Alexis se subió arriba y se bajó con un trago grande de su saliva. Nunca se hubiera imaginado que ella dijera que era una mujer casada.
—¡¿Qué?!
—¡No puedo creer esto de ti! Inventas historias para aparentar que vales tanto, rechazas a Alan siendo un hombre completo y mírate tú.
Rosé dió la vuelta para mirar a su dizque "amiga cercana" mas de cerca. Ella no podía creer lo que estaba a punto de escuchar.
—¿No soy completa según tu? —preguntó ella.
—No, no para él. El es un hombre joven, guapo, atractivo, con un buen sueldo, y tú lo desprecias, cuando deberías agradecerle que te mira a ti y no a mi.
—Y que soy yo según tú, dime Aneth.
—Una discapacitada.
Rosé movió la cabeza en señal de dolor, las palabras de su mas cercana le había caído como hiel a su estómago.
—Creí que me apreciabas, que me juzgabas por mis sentimientos, por ser quien soy, no por la condición física que me aqueja, pero está bien. No he perdido una amiga, pues nunca lo fuiste, sin embargo, me duele saber que prefieres que acepte a ese hombre por encima de lo que siento yo.
—Jamás voy a aceptar a alguien solo para satisfacer a los demás, prueba de eso es que ni a mí abuelo le he hablado a lo largo de estos tres años y para que sepas, si estoy casada y no es un invento mío y aunque mi relación no se haya desarrollado, hasta no divorciarme de él, no puedo inmiscuirme con otros hombres, y menos por hacerlos felices.
—Espero seas feliz ahora que me has herido.
—No te diré mas, ¡vete! —Aneth quedó perpleja al ver a Rosé con lágrimas.
Y es que así era, ella se acercó a Rosé por que Alan le dijo que antes de tener su relación sería, debía cumplir su fetiche, tener a una mujer coja de los pies para cumplir ese capricho.
Pero, las personas aún con discapacidad, tienen alma, tienen un corazón que sienten, y solo las personas sin sentimientos utiliza a otros para sus propios intereses.
Rosé lloró en su auto por unos minutos, Alexis solo miraba de una distancia, cuando se dió cuenta el tenia la mano empuñada, sus nudillos estaban blancas por la fuerza con que apretaba ese puño.
A él le dolía el corazón, tanto así que quería de inmediato correr tanto a Aneth como a Alan de su Empresa de Diseños.
Al ver partir a la mujer, la única que había logrado despertar su interés, se sentó en su volante y la siguió como un fiel guardaespaldas, hasta llegar a su apartamento, ella entró en el garaje, mientras él se estacionaba afuera, desde ahí, solo miró hacia arriba y suspiró.
Su mente voló a aquella noche...
"Flash Back"
Entré a esa habitación de tonos pastel y lila, era la habitación más niñata que había visto, era de la mujer con quién me acababa de casar.
Su abuelo me había pedido que fuera con ella cuando la vio irse enojada, lo cierto era que esa noche era la primera vez que yo veía a esta mujer.
Y me había sentido tan raro al verla de manera física, en el sentido de que una semana antes, mi abuelo Rocco me había pedido que me casara con la nieta de su mejor amigo, en este caso, ella.
Me mostró dos fotografías, una era Rosé, la otra decía Vanesa, me preguntó, con cuál de las dos te casarías si tuvieras la opción.
Rápido dí una respuesta:
«Ninguna»
"Bien, sin embargo si debieras elegir a una de las dos, ¿a cual?"
Me fijé en las fotos, miré los ojos grandes y despiertos de Vanesa, sentí que eran muy filtrado, era de esas mujeres que te mostraban lo que creía que tú querías ver, sin embargo la de la otra, era triste, apagada, pero aún así, había una belleza en ella que te atraía, te llamaba a conocerla.
«Ella, estaría dispuesto a desposar a ella, abuelo»
El abuelo se rió de mi. Me dijo:
—¿Sabes mi nieto querido? si hubieras elegido a Vanesa, no hubieras tenido que casarte con nadie, pero la elegiste a ella, ala novia perfecta para ti.
—Elegiste a mi candidata —dijo sonriendo.
—¿Qué? —murmuré.
—Su abuelo es mi mejor amigo —y me dijo de principio a fin todo cuanto debía contarme sobre Rosé, de como se alegraron cuando nació, del accidente en el que ella quedara con una deformidad física, ella se ha encerrado en su mundo, y aparte, cuando al fin se interesó por un hombre, su hermana Vanesa buscó a ese hombre y lo enamoró, lo cual el compromiso se celebrará en una semana.
—Ya sabes, su abuelo quiere que esa misma noche te cases con Rosé y luego todo lo que es de Rosé vaya a pasar a tus manos para administrarlo tú y cuidar su patrimonio mientras ella y tú se deciden si estar juntos o no, creo que cinco años serían mas que suficientes para ver si ustedes se enamoran o no, si no habría un divorcio parecido a una anulación de matrimonio no consumado, por eso, nieto querido, no la toques a esa chica, a menos que estés seguro de que ella será tu amada esposa.
Fue esa noche que al ver cómo ella mirara a ese tal Sebastián Caicedo, me sentí celoso, ¿pero, se podía sentir celoso por alguien que no era nada tuyo todavía? Un vínculo, una relación, ¿porque sentí el corazón quemarse?
Más cuando vi como las mejillas de Rosé se tornaron brillantes de sus lágrimas emperladas.
Me dolió, y por eso mi egoísmo fue mas, tanto que al entrar a su habitación y verla ahí llorando sueltamente, opté por ser un bruto, me hice pasar por lisiado y le pedí que me bañara, al ver la reacción de mi cuerpo, encenderse a los toques de su mano, al ver cómo mi cuerpo ardía en llamas por sus manos que me restregaban limpiando, no pude aguantar más.
Me fuí de ahí sin mediar una palabra, la dejé con la incertidumbre de no hacerle saber lo que pasaba, la dejé ahí bajo su suerte marcada. Porque después entendí al vigilar su vida diaria de que todos la señalaban, todos se burlaban de ella.
Fin del recuerdo.
"Muchas veces, conviene lo que sucede, y un gran dolor solo llega para prepararte para algo mejor"