Grier estaba dando los toques finales a la información para su reemplazo durante las próximas dos semanas cuando Nick salió de su oficina poniéndose el abrigo sobre los hombros. Su rostro estaba rígido, sus labios estirados de irritación y su frente arrugada por la frustración. Ella lo ignoró rezando para que simplemente la ignorara y fuera a hacer lo que fuera que iba a hacer porque ya estaba atrasada y no tenía tiempo para aplacar su humor.
La diversión que habían compartido antes de que la mañana realmente comenzara, llegó a un abrupto final a las diez cuando recibieron la noticia de que una de sus instalaciones de producción, su empresa de helados en Syracuse, sufrió una especie de fallo catastrófico y la producción se detuvo. Era un desastre, y Nick estaba consumiendo mentas a puñados y ella estaba haciendo de mediadora. Grier admitió que por un corto tiempo se sintió como un dispensador de PEZ humano por la forma en que le metía caramelos en la boca al hombre.
Ambos habían estado al teléfono con el gerente de la planta y el gerente general de la división de helados y para las tres de la tarde todo estaba resuelto con la maquinaria y la producción estaba lista para reiniciarse al día siguiente. Quien dijo que el helado era un antojo veraniego nunca lanzó sabores navideños y ciertamente no trabajó con un gruñón magnate de la confitería multimillonaria que exigía que su producto fuera el número uno cada temporada. Ella mantuvo la mirada baja y, en su monitor, sin querer hacer contacto visual con su jefe gruñón.
—Ponte el abrigo. —gruñó él.
Ella se congeló mientras miraba la lista incompleta para la cobertura de sus vacaciones. Quería gritarle al universo. No estaba lista para entregar su trabajo. Seguramente, él no esperaba que fuera a trabajar hasta tarde hoy, el último día antes de que se fuera por dieciséis días.
Se tragó sus preguntas y se levantó de mala gana de su escritorio.
—¿A dónde vamos?
—A la planta en Syracuse. El helicóptero está en el techo. Te llevaré de regreso a casa cuando terminemos, pero vamos a estar allí un rato. —expresó Nick.
—Pero… —protestó Greir.
Él se giró lentamente para mirarla, una ceja oscura alta en su frente y sus ojos entrecerrados y fríos.
—¿Pero qué? —preguntó Nick.
Hubo un tiempo en que su expresión le ponía el miedo como una corriente eléctrica por la columna vertebral. Ahora le daban ganas de darle una bofetada por intentar intimidarla. Sabía que nunca la despediría. Él dejó claro más de una vez que no podía dejarla ir. La había despedido ocho veces en los últimos cinco años y cada vez antes de que ella llegara al ascensor, una gran bonificación era transferida a su cuenta corriente seguida de una disculpa gruñida. Ella cruzó los brazos sobre su pecho.
—No tengo todo en orden para que Meg cubra. Me queda al menos una hora de cosas que necesito poner en orden para ella. —expresó Greir.
Si no dejaba instrucciones paso a paso, Meg sería despedida para el mediodía de mañana y Grier sabía que él no la volvería a contratar.
—Ella ha cubierto antes. Lo resolverá. Te necesito. —cuando ella dudó, él suspiró. —, Grier, voy a terminar despidiendo a todo un equipo de gestión desde un supervisor de línea hasta el gerente general de la planta porque cometieron un error masivo. Tienes una forma de evitar que haga esas cosas. Faltan dos semanas para Navidad. ¿Quieres que despida a todos y arruine sus vacaciones o no? Ya estás enfadada conmigo por despedir a tres gerentes el viernes. —expresó Nick.
—Estaba enojada porque rompiste sus familias sin pensarlo dos veces. —refunfuñó Grier. —, los vídeos para las esposas parecían excesivos.
—Hice por esas mujeres lo que tus amigos deberían haber hecho por ti con Hazel. —expresó Nick.
¿Qué amigos? No tenía otros amigos aparte de Hazel en la ciudad porque este hombre la hacía trabajar como un perro. Ella cerró su portátil y la metió en la bolsa del portátil, consciente de que probablemente iba a llevar su portátil con ella a Coldreach. Tendría que enviarle un correo electrónico a Meg con lo que se perdió y rezar para que entendiera lo que no estaba en el calendario.
—¡Vamos! —le espetó él. —, ¡tengo cosas que hacer y gente que despedir y estás arrastrando los condenados pies! —exclamó Nick.
—Podrías simplemente no despedirlos. — eran palabras que tenía en la punta de la lengua, pero se las tragó y agarró su abrigo, dejando su bufanda atrás.
—Ella fue despedida hoy. —dijo señalando la bufanda.
Tropezó con sus pies mientras lo seguía hacia el ascensor.
—¿Qué? —preguntó Greir.
—Su comportamiento en el vestíbulo fue visto por cuatro personas que presentaron quejas. Recursos Humanos me llamó y me informó de las quejas. Eres muy querida y respetada en este edificio. —presionó el botón hacia la azotea. —, se le mostró un video de cómo te persiguió por el vestíbulo una hora antes de su hora de inicio, te agarró del brazo, te acosó y luego se tiró al suelo antes de envolverse alrededor de tu pierna impidiéndote entrar al ascensor. Fue una agresión. Recursos Humanos le hizo saber que tuvo suerte de que no presentaras cargos, pero tenemos una política de tolerancia cero para el acoso. —le echó una mirada de reojo mientras las puertas se abrían cerca de la pesada puerta metálica hacia el helipuerto. —, no quieres presentar cargos, ¿verdad? Quiero decir, si lo haces, entonces por supuesto te apoyaremos, pero algo me dice que no es tu estilo. —arrojó Nick.
—Por ahora, no. —exhaló. —, ¿Realmente necesitabas despedirla? —preguntó Greir.
—Incluso si no fueras mi asistente y segunda al mando en esta empresa, habría sido despedida por su comportamiento. Tenemos un código de conducta, y violó tres cláusulas diferentes con su actuación. —explicó Nick.
—¿Qué quieres decir con segunda al mando? —estaba confundida mientras seguía su paso rápido hacia el helicóptero. Sabía que lo estaba irritando con todas sus preguntas porque escuchó sus dientes chocar y sus molares triturando un mentol.
—Quiero decir que tienes autoridad para firmar, y la has tenido durante años. Nunca ha sido necesario ejecutarla, pero está en tu contrato. Eres mi mano derecha, Grier, y conoces los entresijos de cada empresa que poseemos. Cuando me dijiste hoy que estabas organizada, no te equivocaste. Lo estás, pero también eres brillante, y recuerdas todo y cuando no estoy en la sala, manejas todo como si yo estuviera presente. —ahora estaba gritando mientras se acercaban al helicóptero donde Barrett sostenía la puerta abierta para ellos. —, eso te hace imprescindible.