–¿Dónde estuviste metida, Emma? – preguntó Dante a la mujer, en cuanto ella entró en casa nuevamente. –Lo siento, tuve algunos pendientes en la oficina – mintió. –¿Has decidido volver a la oficina? – el hombre frunció el ceño – pensé que continuarías trabajando desde casa. Dante se movió alrededor del salón principal, mientras cargaba a Eva y la distraía, la niña había estado llorando y a pesar de que había revisado su pañal, que la había alimentado y dado sus juguetes favoritos, ella no se calmaba todavía. –Dame a la bebé – Emma extendió sus brazos para recibir a su hija. Cuando Dante se la entregó, ella la acurrucó allí junto a su pecho y comenzó a mecerla con cuidado y delicadeza, enseguida, el llanto de Eva disminuyó considerablemente. –Esa es la razón por que no creo que d

