–Emma, cariño – ella escuchó una voz femenina y sumamente dulce que la llamaba al tiempo en que le hacía caricias en el pelo – Emma, mi vida, feliz cumpleaños. Emma sonrió al sentir el tacto de aquella mujer, el contacto físico le generaba paz, y esa voz cálida y dulce le hacía sentir segura, como si estando con ella, nada fuera a pasarle, sus demonios desaparecieran y por fin pudiera dejar de temer y de estar a la defensiva con todos los que estaban a su alrededor. –Es momento de despertar, hay muchas cosas que debes hacer a partir de ahora. –Estoy muy cómoda – Emma se arropó aún más, cubriéndose del frio que esa noche la arrullaba. –Tienes que ir al colegio, cariño, debes despertar ya. Cuando Emma abrió los ojos, se vio a sí misma, tendida sobre la cama mientras hacía mohines p

