Scarlette estaba atada a una silla frente a Juliette. Desde la noche en la que husmeó y se encontró con una persona que no era necesariamente la jefa que ella pensó, estuvo encerrada en el lugar donde espió. Le cubrieron la boca con cinta y le ataron las extremidades, pero nunca se sintió más humillada que cuando entre llantos les suplicó que la dejaran ir. Scarlette se humilló tantas veces en su vida que una más no haría ninguna diferencia, sin embargo, con el paso de los días, descubrió lo que era la denigración cuando los hombres le quitaban la cinta de la boca para que tomara un poco de agua. Juliette no la quiso asesinar. Había algo en la curiosidad de la mujer e incluso en la resistencia de quedarse tranquila, aunque todo estaba en su contra, que eso le daba cierta confianza en Scar

