Finalmente, después de todos esos años, Robert decidió quitarse la venda de los ojos y descubrir el amante de su esposa. Robert no lo hizo porque Juliette le importaba como mujer, sino para conocer el rostro del hombre que estuvo cogiendo con su mujer desde que comenzó su matrimonio. Para ninguno de los dos era un secreto que Juliette nunca lo amó y que su matrimonio solo fue un telón en el que escondieron una vida de crimen. No hubo dolor por descubrir la verdad, ni un atisbo de remordimiento por no intentar con más fuerza mantener su matrimonio. Robert solo se impresionó un poco al descubrirlo, pero no lo suficiente para causarle un infarto. —¿Así que eres tú? —preguntó Robert cuando abrió la puerta y los encontró semi desnudos en el sofá—. Después de todos estos años. Juliette se lim

