Es temprano en la mañana. Estoy sentado en una de las sillas altas del desayunador, con mi cabeza sostenida por mi mano, mientras miro la pantalla de la computadora. Siento que apoya sus manos en mis hombros. - ¿Sigues con eso? - me pregunta. - Le sigo dando vueltas, pero no. - digo. - Puede que ese sea el problema. - Sabes, pienso que sería más fácil dejarlo. - digo. - Pero tú no eres de los que renuncian, ¿o si? - dice. - Sino, me decepcionaria mucho. - ¿Por qué era qué hacía esto? - digo. - Yo solo te dije que probaras una sesión. - dice. - A mi la terapia me ayudo bastante. Y tú tienes mucho guardado dentro tuyo. Si te sigues guardando todo llegará un punto en el que no podrás más y estallaras. Se dirige hacia la cafetera y se sirve una taza. Mientras toma de ella,

