El rostro de Olivia se volvió pálido, tan traslúcido que parecía un muerto viviente bajo las potentes luces blancas del salón de eventos. Sus facciones, siempre tan cuidadas y altivas, se desmoronaron en una expresión de puro terror. Ella misma se había encargado de borrar cada rastro digital de sus desfalcos, eliminando carpetas, limpiando servidores y alterando bitácoras de acceso, pero no contó con la brillante mente de Abril. Tampoco sospechaba que, mientras ella se creía a salvo, Alaric y Ethan habían estado moviendo hilos en la sombra, rastreando transferencias espejo que ella creía invisibles. Estaba perdida, acorralada en su propio juego, y no había nada que pudiera hacer para salvarse. Como un acto desesperado, intentó salir corriendo, buscando un hueco entre la multitud, pero dos

