Guerra declarada

1919 Palabras

Abril no supo cuánto tiempo estuvo parada en medio del pasillo, con los dientes apretados con tal fuerza que le dolía la mandíbula y una rabia ardiente que le subía por el estómago, quemándole la garganta. Sus ojos estaban fijos en el espacio vacío que habían dejado los oficiales al llevarse a Daniel, sintiendo una impotencia asfixiante que le recorría cada terminación nerviosa. Ver a un hombre inocente ser arrastrado como un criminal mientras la verdadera culpable permanecía impune, protegida por su estatus y su frialdad, era algo que no podía tolerar. —Alaric, necesito hablar contigo —dijo ella en un susurro, con los dientes todavía apretados y la mirada clavada en su jefe, esperando que él viera la urgencia en sus ojos. Pero Alaric ni siquiera se detuvo a mirarla con detenimiento; sol

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