Nate Apenas llegamos a la casa, Lena se fue a su habitación mientras todos nos quedábamos en la sala, observándola con preocupación. Su andar era pesado y su aura, normalmente brillante, parecía apagada. —Algo está mal con ella —murmuró Seraphina a mi lado, siguiendo con la mirada a Lena mientras subía las escaleras. —Ella vio algo anoche, no ha querido decirme nada... —le respondí, mi voz cargada de frustración y ansiedad mientras observaba el lugar por donde Lena había desaparecido. —¿Problemas en el paraíso? —dijo Ravenna con demasiado sarcasmo, una sonrisa maliciosa asomando en sus labios. —Puedes volver a mi habitación cuando quieras... Su comentario me hizo apretar los puños. No era el momento para sus juegos. Sentí la tensión crecer en la sala, tan delicada como una tormenta a

