Estoy desayunando en el comedor, o más que desayunando, atorándome con comida, ya que cada vez que estoy estresado como. Mis padres me han exigido todo el fin de semana saber que paso. Aunque papá después de un rato se canso y dejo de preguntar, mamá por otro lado, ella nunca deja de insistir. Pero yo me mantengo firme. - ¡Habla con él! - la oigo quejarse. - Se ha reusado a decir palabra en todo el fin de semana, aún no nos dice que diablos fue lo de la otra noche. - Mamá, puedo oírte, no estoy sordo. - digo mientras sigo comiendo mis tostadas. - Pues parece que lo estás para lo que te conviene. Rocco se sienta a mi lado y ella nos deja solos. - Me siento como tú consejero estudiantil y que tus maestros me ponen las quejas de ti. - dice. Me observa en silencio. - Vamos, que lle

