Viktoria.
Seguir a Cayden en su locura de ayudar a su amigo para llegar a Berlín y así ver a su enamorada fue un caos, sobre todo al conocer al odioso al que llama amigo. Si sabía quién era en el preciso momento que mis ojos dieron con él y también intuía que Noah sabe que Alexandr me había mando en una misión, solo esperaba que no diga nada, todavía no lo hizo por suerte, aunque tiene demasiado con su vida agradecía que no se haya pasado con su boca.
Subirnos a un avión exponiendo al peligro a Noah, con su delicado estado de salud fue un desafío, llegamos justo a tiempo a la clínica para que pudieran ayudarlo, porque si esto me sucedía a miles de metros de altura, estoy segura que no hubiera sobrevivido.
Es un milagro todo.
Pero si de drama griego saben, no tienen idea de lo que fue dentro de la institución, gritos, reproches, una internacion y un bebé en camino que se enfrentaba a muchos desafíos, primero sobrevivír.
— Acabo de ver a mi amigo palmear el trasero de mi prima — murmura Cayden sacándome de mis pensamientos.
Observo a donde esta mirando para encontrarme que Alexandr llevaba en su hombro a Mackenzie, la prima de Cayden.
Hace segundos presencié algo que no esperaba ver y eso fue el poder que tiene Mackenzie sobre mi medio hermano, ella sin importarle nada se le plantó, exigió una respuesta y el cedió. Eso la vuelve a ella peligrosa y a su vez la debilidad de él. Dentro de la mafia eso significa que la chica está en constante peligro por ello.
— ¿Y ellos son novios? — inquiero queriendo saber un poco más de ellos.
Tal vez algo de esto podría usarlo a mi favor.
— Si, lo son. Inzie esta enamorada de él desde pequeña y Sasha le huyo a los sentimientos que tenía por ella hasta que se reencontraron en Grecia. Es su reina — me cuenta con una sonrisa divertida.
Lo poco que había visto de Mackenzie no me parecía apta para ser la sucesora de la señora Sokolova, puede tener carácter, pero le falta lo demás.
— ¿Y tú amigo con la chica embarazada? — consulto.
El amigo de Noah, mejor dicho su primo, sería padre, pero la chica no estaba del todo bien, sobre todo en lo psicológico, es un embarazo complicado si pensamos en todos los factores emocionales que ella conlleva en este momento.
— ¿Los chernobyls? — pregunta con su ceño fruncido.
Chernobyls, con esa simple palabra ya entendí más o menos como venía el tema de la relación de esos dos.
— Por la personalidad de tu amigo no me sorprende que sea una persona bastante ...
— Tóxica, demandante, egoísta y podría decir muchas más — me interrumpe.
— Seria bueno que esos defectos que ves en tu amigo también puedas verlas en ti...
Otra vez me interrumpe.
— ¿Me estas diciendo que soy parecido a Noah? — contraataca con su ceño fruncido.
— No se como serás en una relación, pero él terminó egoísta si lo conoces bastante bien — acoto entrando a la habitación donde su amigo estaba hablando con la chica embarazada.
No dejo que hable e ingreso a la habitación.
— Disculpen que los interrumpa — llamo su atención. — Debes volver a tu habitación, lo haces por las buena o te llevaré por las malas — sentencio.
— Alguna vez te dijeron que eres insoportable — me contesta mirándome mal.
— Me han dicho cosas peores, no me ofende — digo encogiendo mis hombros.
— Quiero que seas su psiquiatra — ordena.
— ¿Quién es ella, Noah? — pregunta la chica rubia.
— La doctora Brankovič, la psiquiatra de Cayden ...
— La famosa psiquiatra — habla la chica clavando su mirada en mí y luego sonríe.
Frunzo mi ceño. — No tienes derecho a imponerme nada — mascullo.
— Trabajas para nosotros ...
Con eso le doy un párate.
— Trabajo para Alexandr, no para ti — le recuerdo.
— Es lo mismo — acota chasqueando la lengua.
— Vuelve a tu habitación ahora mismo — sentencio saliendo.
Creo que le debía una disculpa a Cayden, no él no era de esa forma. Podía ser que debajo de todas esas adicciones había un buen hombre, no egoísta y demandante como lo es el bastardo de Noah Salvatore.
Odio a los hombres de su tipo.
— No eres igual a tu amigo, a veces no tienes filtro, pero no eres igual — le digo cuando llego a su lado.
— A veces soy egoísta — comenta.
— Dime los contextos — pido mirándolo a los ojos.
— En el tema de nuestro profesionalismo — dice con seguridad.
— No es un tema para hablarlo en este lugar ni momento — lo detengo antes que siga.
Los años que llevo siendo psiquiatra nunca había traspasado con un paciente de forma no profesional. Con Cayden se estaba complicando todo, si primero esa llamada no nos interrumpía y luego lo del avión, sin dudas todo se hubiera escapado de mis manos.
Me cuesta tanto involucrarme con un hombre a nivel s****l, mi padre me dejó demasiados traumas relacionado con el contacto físico, que todavía los estoy resolviendo, pero en el minúsculo momento que Cayden hace contacto conmigo de una forma más íntima todas esas barreras se rompen esperando más de él.
No puedo tener sexo con él.
No puedo cruzar esa barrera.
No puedo dejar que esos sentimientos influyan en su tratamiento.
— ¿Estás bien? — me pregunta mientras salimos de la clínica.
— Si solo estaba pensando algunas cosas — contesto entrando al taxi que nos esperaba.
— Mi amigo Sasha nos reservo una habitación de hotel donde el tambien se está hospedado — me cuenta mostrándome la dirección para que se la diga al taxista.
Se que esta sorprendido de mi fluidez al manejar el alemán, pero soy poliglota, porque cuando estuve internada en un templo budista, del cual solo budista tiene la estructura, porque lo demás es una institución de mujeres para crear mujeres frías, sin sentimientos que sirvan de espías para la Bratva. Ahí aprendes todo, seducción, defensa, aniquilación y olvidarte de ser débil, porque la vida es así sobrevivimos o nos matan.
— Por lo que entendí de Sasha dice es una habitación con dos cuartos ...
— No tengo problema — contesto suspirando.
Me odio por sentirme de esta forma.
Tío Odik tiene razón, no soy una máquina sin sentimientos, los tengo y eso me está abrumando demasiado.
Debemos hablar.
Leo el mensaje de Alexandr y suspiro, creo que tengo una leve intuición de que quiere que conversemos.
¿Dónde y cuando?
Le respondo y miro su respuesta.
— ¡Ey Viktoria! — Cayden toma mi brazo cuando ingresamos a la habitación. — ¿Estás enojada conmigo? ¿Hice algo mal? — consulta preocupado.
— No, solo necesito un baño — contesto saliendo de su agarre.
Ingreso al baño, queriendo estar lejos de él y buscando despejar mi mente de todas estas dudas que empezaba a abrumar mi cabeza.
— Viktoria — dice entrando al baño justo cuando ingreso a la regadera.
— ¡Sal! — le pido cubriendo como puedo mi cuerpo desnudo.
Cayden se queda parado, me mira a los ojos y luego recorre mi cuerpo lentamente apreciando mi desnudez para terminar girandose dándome la espalda.
— Lo siento, no imaginé...
— Dije que quería un baño, eso tuvo que darte una idea — ironizo girando mi cuerpo para esconder partes que no quiero que vea mías.
— No pensé mucho cuando solo te seguí — reconoce.
— ¿Qué quieres? — le pregunto.
— Ni lo recuerdo en este momento, solo puedo pensar en tu bonito cuerpo desnudo y no se ni que digo — murmura tras un largo suspiro.
— ¿Ves a mi cuerpo bonito? — consulto
Lo veo girarse, sigo de espalda pero lo miro sobre mis hombros.
— Cada curva de tu cuerpo me parece bonito — suspira de nuevo. — mi pene piensa lo mismo — agrega provocando que sonría ante sus palabras.
Solo él puede decir esas cosas.
— Vete del baño Cayden — le pido riendo.
— Estaré en mi habitación ayudando a mi amigo — acota llevando su mano a su entrepierna y da un suave presión.
¡Mierda!
¿Por qué me pareció tan sexy lo que hizo?
— Vete — repito.
— Voy a soñar con su trasero, doctora — declara divertido.
— Váyase, letrado — le grito cansada.
Cuando escucho que al fin se cierra la puerta me giro, pero para llevarme con la sorpresa que el seguía en el baño y mirándome de una forma intensa que me hizo jadear en el preciso momento que empezó a caminar hacia la regadera cortando la distancia que nos separaba uno del otro.
— Cayden — jadeo al tenerlo cerca mío y con ropa puesta dentro de la ducha.
— No puedo irme — murmura tomando mi mentón para que lo mire a los ojos.
— ¿Dónde quedó nuestro profesionalismo? — consulto perdida en su mirada.
— En Chicago quedó eso, aquí no puedo cumplirlo — sentencia tomando mi boca con la suya.
Mis manos se meten debajo de su remera mojada mientras él no deja de besarme y presiona mi cuerpo desnudo contra estos fríos azulejos. Sus manos tocan con delicadeza, subiendo lentamente por mi cuerpo hasta posarse en mi trasero donde da un rudo apretón que me hace gemir en su boca.
Si, definitivamente el profesionalismo se fue al carajo.
Su boca baja por mi mentón, donde muerde y luego pasa su lengua, para seguir el camino por mi cuello dejando besos rudos que siento que marcarán mi piel pálida. Mis dedos están en la hebilla de su pantalón queriendo dejarlo completamente desnudo.
— Cayden — gruño cuando su boca llega uno de mis pezones y su mano toma mi otro seno.
Bajo su pantalón, mi mano toma su duro pene para acariciarlo sobre la tela de su bóxer. No me basta con eso que terminó quitando todo para ahora acariciar su longitud. Tampoco sus manos quedan quitas porque llegan a mi v****a tentando mi humedad y su pulgar se queda en mi centro de placer empezando a hacer suaves círculos que son acompañados por dos de sus dedos que se mueven dentro y fuera mío.
Mi agilida mano no deja de subir y bajar por su pene, sintiendo satisfacción como gruñe ante mis toques y como estoy sintiéndome débil ante su majestuoso toque en mi entrepierna.
Besos, lamidas, mordidas a mis pezones, no dos dedos sino que tres en mi interior y un pulgar que retuerce mi c******s me hacen pierder en un magnífico orgasmo que me hace flaquear las piernas, que gracias a él impide que caiga al piso.
Cayden me levanta, mis piernas se enrredan en su cadera y los dos jadeamos cuando su pene roza mis labios vaginales empezando un lento vaivén que me obliga arquear mi espalda.
— Te deseo, Viktoria — dice entre jadeos.
— Te quiero dentro — suplico clavando mis uñas en el preciso momento que la cabeza de su pene comienza a entrar en mí y gimo con fuerza por como va estirando ante su grosor.
Nos miramos a los ojos, tiro de su cara para besarlo mientras empezamos a movernos, se sentía tan bien y placentero que no me importaba nada, solo que siga dando esas firmes estocadas dentro mío mientras gritaba su nombre marcando su espalda ante mi agarre.
Se desliza, entra y sale. Mis caderas buscan seguirle el ritmo, maldigo en todos los idiomas posibles cuando de nuevo su pulgar llega a mi c******s acompañando sus fuertes estocadas para que el segundo orgasmo sea arrollador en mi sistema.
Cayden sigue moviéndose, hasta que lo siento venirse en mi interior obligándome a darme cuenta que no nos habíamos cuidado.
¡Ay, no puede ser!
— ¡Mierda, el condón! — jadea al encontrarse con mi mirada y sale de interior.
Su semen mezclado con mis fluidos empiezan a deslizarse sobre mi muslo y un silencio nos abruma al darnos cuentas que esto podría traer consecuencias.
Graves consecuencias.