Narra Abel. Llamé de inmediato a un viejo amigo el oficial Smith, para averiguar si habían reportado algún accidente de tránsito recientemente. Él me confirmó lo que no quería que fuera cierto, Luciana, el conductor del taxi y el del camión fueron trasladados al hospital del centro. El viaje me pareció una eternidad. Cuando llegué corrí hacia la puerta de la sala de emergencias, le pedí a una enfermera poder verla. Ella me llevó, mi pecho se contrajo, al ver su cabeza vuelta un vendaje, al igual que su brazo y pierna. El médico entró y me dijo que tenía una conmoción cerebral, una muñeca torcida, un tobillo fracturado y algunas costillas rotas, pero que tuvo suerte de estar viva. Me informó que el conductor del camión fue declarado muerto al llegar al igual que el conductor del taxi

