Claudette salió tranquilamente de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Alaric se sentó en la cama junto a Cassya y la abrazó, lo cual la conmovió. —¿He oído que Aberforth distaba mucho de ser un caballero? —gruñó, y ella casi pudo oír cómo apretaba la mandíbula. —Sí —dijo secamente—. Pero tenía unos testículos muy fáciles de patear. Alaric soltó una risita. —Y una cara a la que me dan muchas ganas de darle un puñetazo ahora mismo. —Pasó la mano por el lado de la cara que Aberforth le había abofeteado. La piel estaba roja e hinchada—. ¿Nos vamos de aquí? ¿Nos vamos a casa? Ella asintió. —Aunque Claudette ha sido una anfitriona encantadora, ya no quiero estar en esta casa. Alaric se puso de pie, tomándola de la mano. La condujo al fondo del dormitorio, presionó algo que ella no

