¿Cómo no tenerte miedo?, si cada vez que te tengo cerca me siento tan vulnerable. La maldita perilla de la puerta no gira, trato y trato, y nada. Ya la cólera empieza a emerger producto de la impotencia. —Escucha, Inocencia. —Aquel hombre me pone a oír un sonido metálico cerca de mi oreja izquierda, estoy segura de que esas son las llaves—. Buscas esto, ¿verdad? Con mucha angustia y sintiendo excesivo terror, empiezo a golpear la puerta, tal vez del otro lado alguien me escuche. —Inocencia, ¿realmente crees que alguien va a escucharte? Ahí fuera todos están desesperados por conseguir, aunque sea una foto de Chica Pimienta, nadie le tomará importancia a una puerta. —¡Di-Dimitri, sé que eres tú! —Saqué valor de «no sé dónde» para decir eso. —Tan linda, reconociéndome aun sin verme —me

