38: No tienes derecho a reclamarme

1952 Palabras

Damián se movió lentamente, él se acercó a mis labios y me besó, mientras lo hacía se fue introduciendo poco a poco, lanzaba pequeños suspiros ahogados, acaricie su espalda y besé su cuello, mis dedos se deslizaron en su cabello, di besos cortos en su barba y él rio. — Te necesito tanto en mi vida que es sorprendente — me dijo mientras se movía lentamente — podría estar contigo de esta forma para siempre. Yo le sonreí y nuevamente lo besé, este beso era dulce y romántico, quería transmitirle de esta forma cuanto lo amaba, él me miró y con sus dedos retiro de mi rostro el sudor que comenzaba a descender, comenzó a aumentar la velocidad, mordí mis labios, ya que no deseaba que mi hija me escuchara, hay cosas que nadie tiene que darse cuenta más que las personas involucradas. Damián me dio

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