—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó la cansada mujer que entraba casi al anochecer a su hogar, apoyándose de las paredes para contener su mareo. —Aquí estoy pasando corajes, madre —respondió Ángela al borde de la locura, pues no sabía identificar si lo que quería era llorar o gritarle—. ¿Puedo saber por qué rayos nos ocultaste a todos tu enfermedad? Martha giró los ojos y suspiró con cansancio. No tenía energías para discutir con ella luego de todo lo que había pasado ese día con ella en el hospital. —¿Les dijiste a todos? —cuestionó la mujer. —No, les pregunté a todos y resulta que nadie lo sabía. ¿Por qué no nos dijiste nada? —Porque ya me siento lo suficientemente mal como para además tener que soportarme su escándalo. Ángela miró a su madre con incredulidad, incluso rio con u

