Unas horas y media después, y tras muchos esfuerzos, la niña pareció tranquilizarse un poco y se quedó dormida. —Tienes cara de agotamiento —dijo Bella, dejándose caer rendida en el sofá junto a Alex —. Parece como si hubieras estado todo el día descargando sacos de un camión. —Sí, la verdad es que estoy hecho polvo —admitió él, arrellanándose en el sofá y dejando escapar un largo suspiro. —Bueno, afortunadamente, al final, parece que Marlie se ha quedado tranquila. —Gracias a ti —replicó él, en tono de agradecimiento—, que la has estado paseando por la habitación arriba y abajo, con mucha paciencia, hasta que has conseguido que se durmiera. Tengo que confesar que me has venido como un regalo del cielo, sin ti no sabría que hacer . Alex no podía dejar de preguntarse de dónde sacaba e

