Alessandra Dumont El murmullo del piso de los arquitectos regresa a mi alrededor en cuanto cruzo el umbral de la oficina de Pedro y camino de vuelta a la planta central. Verónica avanza unos pasos por delante de mí, con la espalda rígida y un andar apresurado que delata lo mucho que le arde la humillación que acaba de sufrir. Ambas nos instalamos en nuestros respectivos espacios ella se deja caer en su silla con un golpe seco, mientras que yo me acomodo en mi cubículo, manteniendo una calma aparente que contrasta con la tormenta de ideas que ruge en mi mente. Apoyo los codos sobre el escritorio de madera y entrelazo los dedos, fijando la mirada en la pantalla de mi ordenador. Mi mente trabaja a una velocidad destructiva, trazando escenarios y sopesando cada variable técnica. Estoy pens

