Supongo que en algún momento iba a ocurrir. Me había salido con la mía durante horas y me había llevado a lugares donde no debería haber estado y me había salido con la mía. Todo eso terminó un caluroso día de mayo, cuando nos dejaron salir temprano de la escuela después de un par de ataques aéreos durante el día y de haber estado sentados en el pasillo durante mucho tiempo. Los bombardeos parecían estar a kilómetros de distancia y no suponían ningún peligro para nosotros, pero nunca se podía saber. Salí de la escuela a primera hora de la tarde, con el sol cayendo a plomo y una quietud sonámbula en las calles de alrededor; a menudo era así después de los ataques aéreos. Pasé por delante de la tienda de golosinas y miré con nostalgia el escaparate, observando el cartel que decía “Lo siento

