Capítulo 148

935 Palabras

Su hermano quería saber si nos apetecía chocolate caliente. Chocolate caliente. La bebida. Todo parecía incomprensible con la cabeza —y el corazón— en las nubes. Él se volvió hacia mí, y sus ojos perdieron un poco de intensidad. —¿A ti te apetece? Asentí de forma torpe. ¿Cómo podíamos volver a la realidad —al chocolate caliente— después de haber comunicado, sentido, algo así? —Sí —respondió Ray en voz alta. Los pasos se detuvieron y luego volvieron a subir por la escalera. Ray se levantó y me tendió la mano. Yo me levanté y puse la mía en la suya. Era grande y envolvía la mía con facilidad, como si pudiera protegerme físicamente y mantenerme a salvo. Tenía que admitir que, en casa de Ray, me sentía completamente segura. A veces incluso más que en la casa de mis padres. Mantuvo nuest

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