CAPÍTULO 47

1411 Palabras

El día amaneció limpio y yo también. Abrí los ojos esperando el tirón del vendaje, el zumbido en las costillas, la pesadez en la cabeza… nada. La herida estaba como un recuerdo mal curado. La marca ardía tenue en el cuello, como un latido ajeno. Me incorporé despacio y lo vi en el marco de la puerta con una camiseta negra y el cabello aún húmedo. —¿Cómo estás? —preguntó. —Entera. —Sonrió sin sorpresas, como si lo hubiera sabido antes que yo. Me acercó una taza. Bebí y supe que no iba a poder fingir normalidad. El cuerpo me empujaba, impaciente, insistente, y ese empuje llevaba su nombre. Dejé la taza en la mesita y crucé la distancia de un tirón. Lo besé sin pedir permiso, las manos en su nuca, los dedos clavándose un poco. Thiago respondió al instante, caliente, fuerte, sus manos en mi

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