Todavía estaba apoyada contra Thiago en la hamaca del porche, con su brazo alrededor de mi cintura, cuando la puerta se abrió detrás de nosotros. —Perdón que interrumpa la postal romántica —dijo Kylie, con media sonrisa—, pero ¿te apetece un paseo conmigo y Nora? Me enderecé un poco, aunque no me separé del todo de Thiago. —¿Un paseo? —Nada largo, solo por el sendero que bordea el río y volvemos. —Kylie encogió los hombros—. Te vendrá bien estirar las piernas. Thiago frunció el ceño. —¿Ahora? —Ahora —replicó ella con tono firme—. Está todo tranquilo y no vamos solas. Nora apareció detrás, con las manos en los bolsillos. —Prometemos portarnos bien. —No me gusta —dijo Thiago, seco. —A mí no me gusta cuando decides por mí —le contesté, levantándome de su regazo con una media sonrisa r

