JAIME Nada salió como lo esperaba. Tengo a Cielo entre mis brazos, sí, pero no de la manera en que yo hubiera querido. Su cuerpo tiembla, y aunque intenta erguirse con el brío que la caracteriza, siento cómo su pecho se contrae con violencia, tratando de sofocar un dolor que la sobrepasa. No es solo físico; algo dentro de ella se está quebrando, y me lacera no poder evitarlo. Daniel gime en el suelo, moviéndose apenas, como una alimaña que se resiste a morir. Sus ojos se entreabren, confusos al principio, hasta que nos ve tan cerca. Comprendo de inmediato lo que piensa, la injuria que está a punto de escupir, la necedad de volver a desafiarme. No llega a hacerlo. Antes de que pueda abrir la boca, una línea de luz azul estalla desde la mano de Cielo, fulgurante, y lo hace caer de nuevo

