"Lo sé...", respondió suavemente Emery. "¿Me lo descontarás de mi salario?" "¿Tú qué piensas?" Al escuchar eso, sintió que todavía había lugar para unas disculpas. Entonces, lo pensó un momento y rápidamente dijo: "Puedo hacer algo para compensar, como... hacerte un masaje". Pero Aiden lo rechazó sin dudarlo. "No es necesario". "¿Entonces qué quieres que haga? Lo haré enseguida. ¡Puedo hacer lo que sea que quieras!" "¿Qué puedes hacer por mí? O poniéndolo de este modo...", Aiden elevó su voz. "¿Qué es lo que puedes hacer tú y nadie más que tú?" De pronto Emery se sintió derrotada y respondió con sinceridad: "No hay nada". Entonces Aiden dejó el documento que tenía en su mano y la miró. "¿Te ha bajado la fiebre?" Estaba atónita y por un momento no respondió. Le tom

