Contemplaba por la ventana la lluvia caer cuando escuchó la puerta de ingreso abrirse. Escuchó los pasos rápidos y acompasados de su hermana, quien al entrar en la habitación donde él se encontraba, se tiró sobre él, para luego sentarse a un lado de él. Los sillones empotrados contra el gran ventanal daban la vista necesaria para ver circular a los coches y ver a la gente caminar en los días soleados. –¿Sabes? ¡Hoy vendrá Claire a dormir! –dijo con emoción y dulzura, mientras robaba una de las papas del paquete que había abierto hacía nada de tiempo. Él le sonrió levemente y llevó una de sus manos a su rostro, más específico debajo de sus labios, dado que los tenía manchados de helado. Rose era como un barril sin fondo. Podía comer y comer, incluso mezclar comidas y aun así, nunca tení

