Jimmy parpadeó una, dos veces, mientras sus párpados luchaban por levantarse sobre sus ojos rasposos. El dolor le irradiaba por el hombro y el muslo, impidiéndole estirar sus largas extremidades y dejándolo enroscado y tenso. Tenía la garganta seca y sólo recordaba vagamente dónde estaba. Los recuerdos de ayer se repetían borrosamente. Con lentitud, sus sentidos empezaron a trabajar y a unir las piezas de este confuso rompecabezas. La manta acolchada. Las paredes amarillo pálido. Los ruidos del otro lado de la puerta. Y luego estaba el olor en su almohada, un campo de lilas. No era mi tienda. No era el campamento militar. Se relajó contra la cabecera y pensó en Greta. Su visión etérea rondaba sus sueños como ninguna mujer antes. Sueños eróticos. Pero más que eso, lo que más recordaba era

