Una mañana me desperté con dolor de espalda, caderas y pelvis. Había ido al comedor a ver a los peques y a llevarles cosas que había recibido de unos amigos. Doña Juli me miraba con preocupación. "Hija, ya no deberías salir con esa panza tan grande y menos manejando sola. Ya te falta poquito para el parto" Ella acariciaba mi enorme panza a termino. "Si, pero ya me voy no me siento bien." "No nena, mejor llamamos a tu esposo que venga a buscarte. Me preocupa tu vientre bajo, ya estás en las últimas" Ella llamó a Jorge y vino en 20 minutos. Los huesos me dolían pero me sentía tranquila porque no tenía contracciones. "¿Al final no sabes el sexo?" Claudia, una colaboradora me acompañaba a la puerta, ya que caminaba muy despacio. "No, preferimos que sea sorpresa" Dije mientras llegaba al

