El tono de Alana estaba lleno de dolor, rápidamente me levanté y al ir a su habitación pude verla sudando helado. “Alana.” Me acerqué y al tocarla mis manos quedaron húmedas. “¿Qué te sucede?” “No me siento bien, tengo mucho dolor.” Dijo jadeando cansada y llevaba sus manos a sus costillas. “Necesito medicamento.” “Está bien, espera un momento.” La medicina de Alana se encontraba en su mesita de noche. Pude ver que un frasco estaba en el suelo, así que supuse que intentó alcanzar las pastillas, pero no pudo hacerlo debido al dolor. “Aquí tienes.” Le di las píldoras y un vaso con agua. “Bebe despacio.” Alana tomó la medicina, su pecho bajaba y subía mientras un mohín de dolor se dibujaba en su rostro. Ella poco a poco se fue calmando. “Debes cambiarte de ropa, no puedes estar así po

