Erin me abrazó, podía sentir que tenía miedo, pero al mismo tiempo cierto alivio. Pobre de mi pequeña, todo lo que había pasado. “No quiero que vayas a prisión, Alana. Has llegado a mi vida y me da miedo pensar que te voy a perder tan pronto.” “No te preocupes, querida. Si algo aprendí de la abuela es que con el dinero suficiente, cualquiera puede salir libre. Y cariño, eso es lo que yo tengo de sobra en estos momentos.” Tenía planes, justo por eso era que había aceptado la herencia de la abuela. Definitivamente, el tiempo de libertad del asqueroso de Stan, había llegado a su final. “Ahora vamos a dormir, es un tanto tarde y no quiero que trasnoches, mañana tienes escuela.” Erin se fue a dormir conmigo muy aparte de Valeria y de Marianne. Ella se recostó en mi pecho y pude sentir la t

