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1001 Palabras
Pov Tara . Me encontraba acostada en la cama del departamento que había rentado hace dos meses, mucho tiempo antes de mi llegada. Nunca le había perdido la pista a una persona en especial a alguien qué quería qué fuera mi sumiso: siempre se cada uno de sus movimientos,donde fue, lo último que investigue de el;tiene veinticuatro años de edad vive con su prometida no tiene hermanos sus padres viven en Montana. Es tan guapo. Verlo tan nervioso era increíble; me había llamado poderosamente la atención, desde el instante que lo vi hoy parecía ser el típico chico tímido que aparenta varias cosas además del típico chico nerd ese al qué todos le tienen lastima pero había algo en él qué me gustaba era lindo y inocente algo facil de corromper sin embargo debería andar con cuidado esos son demasiados peligrosos. Fue una noche de invierno en New York, acudí a un bar karaoke junto a mis amigos. Esa noche tenía unos jeans años y un azul oscuro y una blusa de manga larga color rojo quemado, llevando encima un abrigo largo n***o. Me di cuenta de que ellos ya estaban con sus chicas, así que me aleje y busqué un sillón donde quedarme hasta que ellos decidieran irse me siento hombre lo juro. ¿tan amargada parezco? todos tienen miedo de acercarse a mi no sé por qué no soy mala persona Pedí una copa de vino realmente me gustaba pasé un rato admirando a la gente que estaba en este establecimiento, cuando una voz me volvió a la realidad. -Hola, ¿me puedo sentar? - era un guapo chico de cabello color chocolate. -Adelante - le señale para que tomara el asiento. -Gracias - susurró con voz tierna. Me volví a distraer, de un momento a otro la estaba observando de reojo. Era demasiado hermoso: tenía la piel blanca, una boca sensual, sus ojos, unos hechizantes y cálido, de color café claro; su cuerpo era como si la viese esculpido un dios griego dios la carne es débil ya no llevo ni una hora aquí y ya ví a mi próxima víctima no evite ponerme en una postura más segura y atractiva. Llevaba jeans oscuros y un jersey, con cuello en v de color mostaza y zapatos rojos. No era incomodo tenerlo cerca de mí, al contrario, me sentía tranquila trague un sorbo de mi vino y lo mire con seguridad. Fue el momento en que tomaba mi copa entre los dedos, cuando nuestra conversación se dio. Fue una plática banal: cosas sin mucho detalle, le decía chistes, para escuchar su melodiosa risa, pasamos un rato conociéndonos cuando... pero realmente no me interesa solamente quiero coger así qué fingía sorpresa, tranquilidad y algo de admiración soy demasiado fría no me interesa él amor y él compromiso así qué me daba igual si seguíamos cogiendo por cierto este joden es mi sumiso por si no lo sabían. soy dominatrix me gusta la dominación y b**m ¿eso es un crimen? porsupuesto qué no ellos disfrutan ser dominados y también les gustan los regalos que su sugar mommy les da , llevo años haciendo esto y la verdad cambio constantemente de sumisos me aburro y ellos terminan enamorándose de mi. -Frédéric. ¿te gustaría salir a caminar? -me debatía en no hacerlo, pero esta era una gran oportunidad para mí. -Claro ama-me tomó de la mano para que pudiera levantarse. Al salir de lo cálido del bar nos azotó una brisa helada era obvio qué el quería coger y yo sinceramente algo de ganas tenía pero no tantas no puedo sacar de mi puta cabeza a Dekker Roberts es tan impresionante y misterioso. Caminamos, sin ningún rumbo para mí, hablando de todo un poco, de las cosas que observábamos en los demás establecimientos todo aburrido y sin sentido estoy algo ebria también no puedo negarlo usualmente me pongo caliente pero hoy estoy muy pensativa y es por ese hombre con pinta de inocente eso me encanta de él. -Frédéric- me miró- he llegado a mi edificio. - Señaló la construcción. - ¿Quieres subir por un café? - Que más daba. -Será un placer - un leve oscurecimiento en sus ojos. Al abrir su puerta y encender la luz, me percaté de lo limpio y escorado que estaba no es mi tipo de lugar favorito pero no juzgo es demasiado colorido. -Te tienes que quitar los zapatos -le ordenó, y miré lo que el hacía .Recordé la tradición asiática. Dejé los zapatos a un lado y me indicó que pantuflas podía utilizar. Tomé asiento en el sillón que le indicó, mientras el iba por el café, y yo observaba todo los cuadros en las paredes no evite sonreír al ver su expresión. - ¿Te gustan las pinturas? - me sobresalté al oír su voz. -Sí, tienes excelente gusto - la alabé, me dedicó una sonrisa. Nos quedamos en silencio, pero uno nada desagradable. No entendí cuando pronuncio aquellas palabras. -Hace mucho que buscaba a alguien como tú, creo que es cosa del destino haberte encontrado; y quiero que sepas - me miró profundamente mientras tomaba un poco de café - que no te dejare ir - me miró confundido. - ¿A qué te refieres? - me pregunto. -Nunca debiste aceptar mi invitación -pronunció en un susurro, más para ella que para mí. -No te entiendo ama- me acomodé en el sillón. -Te propondré algo Frédéric y no quiero que me interrumpas - sólo pude asentir - hoy tú fuiste mi presa: yo buscaba un sumiso, sí, ¿sabes qué es? - Volví a asentir - y tú, te cruzaste en mi camino. Ya me estaba aburriendo de Frédéric pero no sabía cómo decírselo. - ¿Y qué quieres de mí? - pregunté ya me había aburrido de Frédéric. -Quiero follar- ¡Dios! Susurro internamente - te explicaré como lo manejaríamos, no me interrumpas. Dio un largó respiro cuando empezó hablar. -Ya no quiero que seas más mi sumiso Frédéric.
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