Pov Tara . Mi cuerpo dolía, pero no por el dolor y placer que me había dado él. Dolía saber que aún me amaba. Los sollozos eran tan fuertes que los silencié con la almohada, no tenía fuerzas para moverme. Sus palabras aún seguían resonando en mi mente. No quería verlo. Me levanté de la cama, temblando por mis sollozos. Tomé la bata de seda negra que estaba en el perchero. Salí de ese cuarto para dirigirme al cuarto donde había dejado mi ropa. Me la puse como pude, mis sollozos no paraban. Quería gritarle que lo amaba, que nunca lo había dejado de amar. No me coloqué los zapatos, tomé mi maletín, sacando las llaves de mi auto. Era pasada la media noche. Subí al auto como pude, quería que el se vaya y llorar hasta que no me quedara ni una sola lagrima. ... Al llegar, lo primer

