Diez minutos, diez minutos era lo que el demonio podía aguantar en las condiciones actuales. El ángel arremetía con fuerza, incrustando las mortíferas púas en el escudo dorado, tratando de destrozarlo. Y lo estaba logrando, pequeñas grietas comenzaban a formarse en la esfera. Bessel luchaba por mantenerse consciente, estaba exhausto, pero aún no se rendiría. Darren le había entregado su energía y no quería que el esfuerzo del chico fuera en vano. La chica de cabellos blancos sonrió triunfante, cuando el sonido de algo quebrarse hizo eco en el bosque. Por fin podría atacarlos, creo sus espinas una última vez, pero antes de lanzarlas, un rugido animal interrumpió su cometido. – ¡¿Qué?!– Exclamó ella cuando una criatura alada y gigante se interpuso en el camino de las afiladas púas. L

