Narra Ruby…
—¡Mierda! —espeté furiosa al ver como el café que acababa de comprar, ahora se encontraba desparramado sobre mi blusa blanca. Arrugué las cejas y miré al idiota que se había atrevido a empujarme y a ocasionar esto—. ¡Mejor mira por dónde vas, imbécil! —le reproché a aquel chico frente a mí.
—Lo siento, señora —dijo de vuelta a la vez que alzó ambas manos en señal de inocencia, haciéndome sentir completamente sonrojada producto de la rabia.
—¡Soy una señorita! —le corregí con molestia.
Ignoré su mirada confusa y seguí mi camino, pues para mi mala suerte, estaba llegando muy tarde a la oficina una vez más, y aún tenía pendientes muchas cosas por hacer. Refunfuñé con desagrado mientras caminaba rápido por la transitada calle y al mismo tiempo buscaba un trozo de papel higiénico dentro de mi bolsa. Mi celular vibró llamando mi atención y lo tomé al ver que se trataba de un mensaje proveniente de Josh, mi único amigo dentro de la oficina.
“El jefe acaba de preguntarme por ti. Tuve que decirle que venías tarde, lo siento, Ruby”
¡Mierda, mierda, mierda!
Suspiré con agobio al leer aquel mensaje por parte de Josh, pero no me di por vencida y continué caminando a paso rápido, puesto que estaba casi por llegar. Gracias a Dios no me había calzado unos tacones altos, pues fácilmente podría torcerme el tobillo al paso que iba caminando.
Mi celular vibró nuevamente, pero esta vez se trataba de una llamada telefónica.
—¡Hola, jefe! —saludé de inmediato al ver que se trataba del mismísimo Athom Patel—. ¡Lo siento, lo siento! Voy llegando a la oficina, se lo prometo —dije a la rápida, mientras intentaba caminar entre todas las personas que transitaban en la concurrida calle.
—Ruby, te necesito aquí ahora —musitó con seriedad y de una manera muy extraña que me hizo ponerme en el peor escenario—. No te imaginas lo urgente que es, ¡No sé qué hacer!.
Diablos, eso no se escuchaba nada bien.
—¡Estoy en menos de cinco minutos con usted, jefe! —dije tragando saliva con dificultad, pues en mi mente solo podía pensar en qué diablos había hecho mal para molestar así a Athom Patel, aquel hombre joven que siempre era amable y nunca se preocupaba mucho por nada, ni siquiera por mis recurrentes retrasos en la hora de ingreso.
Escuché el sonido de la llamada finalizar y suspiré guardando mi celular dentro de mi bolsa, pues esto seguro acabaría muy mal para mí. Negué con la cabeza intentando alejar los malos pensamientos de mí, pues no creía que él fuera a despedirme ¿o sí?
Corrí hasta por fin llegar a Intelligent, la empresa que hace un año me había recibido, y que ahora se había convertido en mi trabajo fijo. Saludé a Emma, la recepcionista y luego me subí en el ascensor, intentando controlar mi acelerada respiración luego de haber corrido como loca.
—Buenas noches, Ruby —bromeó Josh al verme entrar en mi cubículo de trabajo—. El jefe me pidió que vayas con él apenas llegues, dijo que tiene una emergencia —murmuró afirmándose sobre mi escritorio con total confianza, mientras yo me desprendía de mi bolsa para dejarla colgada de mi silla giratoria.
—Vale, iré a ver qué ocurre —dije a la vez que tragué saliva con dificultad y miré con nerviosismo a mi amigo—. Espero que no sea nada malo…
—Luego me cuentas cómo te va —me guiñó un ojo y luego se alejó de mí para ir en dirección a su lugar de trabajo.
Acomodé un poco mi falda con evidente nerviosismo y luego caminé hasta entrar a la oficina de mi jefe, quien se encontraba de espaldas a mí, mirando hacia el gran ventanal que tenía enfrente. Carraspeé para llamar su atención y él se volteó levemente para suspirar con alivio y acercarse a mí con una mueca en los labios.
—Ruby, que bueno que ya estás aquí —musitó agobiado. Abrí los ojos cuando él me extendió un papel arrugado y lo tomé con recelo—. Hay un bebé…
Leí rápidamente aquella nota y luego entendí sus palabras, pues ahí decía que Athom Patel tenía un hijo, del cual evidentemente no tenía conocimiento, sino hasta ahora. De pronto, un sonido nos alertó, haciéndome abrir la boca de par en par al escuchar aquel llanto, pues eso solo hacía la situación aún más real. Mi jefe bufó en respuesta, llevando ambas manos a su cabeza en señal de frustración y luego caí en cuenta de que sobre su silla había un canastillo de mimbre que contenía al bebé.
—Él no ha dejado de llorar, por lo que no sé qué diablos hacer, Ruby —murmuró mi jefe mirándome con agobio—. Te llamé porque tú te ves amable y paciente, seguro sabrás mejor que yo que hacer en este momento —me explicó con las palabras saliendo rápidamente por su boca.
Asentí con la cabeza en señal de afirmación y después me acerqué en la dirección del bebé para intervenir. Al estar en una distancia prudente, pude ver a un hermoso bebé dentro, quien lloraba con desesperación, pues probablemente tenía frío o hambre. Sin pensarlo dos veces, dejé el arrugado papel que me había entregado mi jefe sobre el escritorio y luego tomé al bebé en mis brazos para abrazarlo contra mi pecho en una clara contención, mientras me movía de lado a lado, intentando contenerlo.
—Ruby, ten cuidado —dijo Athom al acercarse a mí, mostrándose asustado—. Puede ser una trampa… —tragó saliva con dificultad y me miró desde el otro lado de su escritorio—. Tal vez tenga una bomba, o algo peor.
—Jefe, perdón que se lo diga así, pero este bebé me parece inofensivo —señalé al pequeño entre mis brazos—. Y le aseguro que él solo tiene hambre, por eso el llanto descontrolado.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó alzando una ceja y mirándome con curiosidad.
—Fui niñera toda mi adolescencia —expliqué con una media sonrisa. Me agaché hacia el canastillo y ahí encontré un biberón, el cual estaba frío, por lo que le sonreí a mi jefe mientras llevaba el alimento del niño hasta el microondas que él manejaba dentro de su oficina—. Calentamos esto y lo alimentaré, luego seguro dejará de llorar y se sentirá mejor.
—Algo me decía que tú podrías ayudarme con esto —murmuró y luego se sentó en uno de los sillones dispuestos en su oficina. Se inclinó levemente hacia adelante y apoyó sus codos sobre las rodillas, escondiendo su rostro entre sus manos.
Se le veía derrotado, confuso, sin encontrar un rumbo en este nuevo panorama, que sin duda, había caído de manera inesperada sobre sus hombros. Al verlo así, sentía pena él, pues sabía que él era una buena persona, de lo contrario, ya me hubiera despedido por llegar tarde al trabajo a causa de vivir lejos de esta zona.
—Jefe, ¿qué hará con este bebé? —cuestioné intentando ayudarle a pensar.
—Justamente en eso estoy pensando —respondió con el rostro aún escondido entre sus manos—. ¿Qué diablos hago? —preguntó a la nada.
En silencio, esperé que el biberón calentara y luego lo saqué con cuidado. Dejé caer un par de gotas sobre el dorso de mi mano y al no sentirla muy caliente, decidí que estaba a buena temperatura para el niño. Miré al pequeño con ternura y le sonreí, luego le di el biberón y él comenzó a alimentarse de manera rápida, dejando en evidencia que lo único que tenía era hambre. Acaricié su corto cabello con cuidado y me moví de lado a lado, mientras él tenía los ojitos bien abiertos hacia mí, y no dejaba de succionar aquel biberón. Le calculaba unos cinco o seis meses, pues él ya era capaz de llevar su mano hasta el biberón, pero sin poder afirmarlo aún.
—Es un bebé hermoso —dije llamando la atención de mi jefe, quien nos observó con los ojos abiertos de par en par—. Y no quiero ser entrometida, pero creo que tiene sus mismos ojos, jefe —agregué haciendo que Athom Patel trague saliva con dificultad. Bufó audiblemente y después se puso de pie para acercarse a mí y ver al niño tomar su biberón.
—¿Qué crees que deba hacer? —me preguntó mirándome directamente a los ojos—. Esto me tomó por sorpresa.
Diablos, la presión se sentía fuerte sobre mí, pues jamás hubiera pensado que mi jefe estaría pidiéndome ayuda con alguna decisión personal, ya que nuestra relación se limitaba a algo netamente profesional, aunque algunas veces me pedía algunos favores como llevar su ropa a la tintorería o enviar flores para su madre, pero esto era algo diferente, mucho más delicado y personal.
—Usted es un hombre muy reconocido a nivel nacional, y creo que también todos saben que es muy adinerado —puntualicé con algo de temor a sobrepasar algún límite con mis palabras—, pero creo que es necesario que busque a la madre del niño y se asegure de que este hijo es suyo, pues no sería el primer hombre al que intentan engañar con una falsa paternidad para sacar provecho de la situación.
Los ojos de mi jefe me escrutaron a detalle y luego asintió convencido, lo que me hizo sentir algo más aliviada.
—Estás en lo cierto, Ruby —dijo con una sonrisa totalmente fingida—, pues tampoco sé quién lo dejó aquí —murmuró. Miró al bebé de reojo y noté cómo se resistía a verlo—. ¿Puedo pedirte algo más? Sé que he abusado mucho de tí, pero…
—Dígame, jefe, estoy para ayudarle después de todo —sonreí. Mi jefe suspiró y rascó su cabeza con incomodidad.
—¿Podrías quedarse con él un momento? —preguntó desviando la mirada—. Quiero salir un momento en busca de respuestas.
Athom Patel era un hombre jóven, de treinta y un años, pero justo en ese momento parecía un adolescente perdido y pidiéndole autorización a su madre para irse de fiesta con sus compañeros de la escuela, lo que me provocó ternura. Asentí de inmediato hacia él, porque después de todo ¿cómo podría negarme? Aquel bebé era una ternura, y además, aún estaría dentro de mi horario de trabajo, por lo que no sería gran tarea extra, y por otra parte, sentía que se lo debía por estar constantemente llegando retrasada a la oficina.
—Vaya tranquilo, pues yo me quedaré aquí con el pequeño mientras me pongo al día con mis pendientes —afirmé convencida—. Lo cuidaré muy bien, no se preocupe —señalé al pequeño con mi mentón.
El bebé entre mis brazos balbuceó algunas cosas inteligibles, como si estuviera respondiendo también, lo que me hizo sonreír y Athom negó inmediatamente con la cabeza de manera rápida, para después desaparecer completamente de mi vista.