Cuando estuvo ahí, en medio de ese nuevo cuarto de hospital, la tristeza la inundó, pensaba en Noah, no podía evitarlo, lo tenía en su mente a cada segundo, su forma de ser, su amabilidad con ella, sus atenciones especiales, lo que había hecho por su madre a pesar de los desplantes que había ocasionado, lo pensaba así, lejos de su actitud como CEO; lo recordaba más bien como ese hombre tranquilo que se había subido junto a ella en el avión y que había bromeado sobre su miedo a los accidentes aéreos. — Maldición Noah, como es que me pusiste el mundo de cabeza cuando antes ni siquiera me atreví a mirarte, parecías imposible, inalcanzable — murmuró sintiéndose furiosa consigo misma La sorprendió una voz que la obligó a ponerse la bata rápidamente — Buenos días, bienvenida — dijo el hombre t

