Me saco todo de la cabeza y me concentro solo en la mañana de mañana. Antes de volver empiezo a dar vueltas por varios centros comerciales, todos a cubierto, cálidos. Querría hacerle llegar un regalo, algo que la espere dentro del bar, nuestro bar trasladado para la ocasión al frío Berlín. Algo que la haga sentir un poco como en casa aun estando a tantos kilómetros de distancia. En una tienda de cosas de casa encuentro un pequeño tiesto con una planta de margaritas de tela, me parece increíble haberla encontrado. La compro sin pensármelo dos veces y el día toma otro color. Para volver al hotel debo pasar por la puerta de Brandemburgo. Esta gran plaza tiene una fascinación que te deja con la boca abierta. En cuanto me la encuentro delante me paro a admirar su majestuosidad, mientras el frío
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