El camino a casa fue únicamente fuera de lo común, el olor de los pies de Mariana rondaba por el auto y ni aun bajando las ventanas del auto se iba ese olor tan putrefacto. Parecía que hubiese un cadáver escondido en la cajuela, demasiado horrible y eso que esa mujer es hermosa. —Huele horrible— comente tapando mi nariz— sacas los pies por la ventana y hasta los pájaros que se acercan mueren. —Que exagerada eres marina... si mis pies los lavo con lavanda y fragancia de rosas— añadió oliendo ambos pies— aunque es posible que sea mala idea ponerme las medias y los zapatos estando mojados aun. —¿Te ponías con eso entre tus pies las medias secas?— abrí mis ojos de par en par parpadeando lo mas que pude sin creerme ni una sola de sus palabras— Eso no solo daña tus pies, te los deja podridos

