Jonathan Hacía seis meses que no me movía de Brighton. Más específicamente, de casa. Desde que le dieron el alta a Eliza y a nuestra pequeña princesa, nos encerramos en una burbuja donde solo existíamos nosotros tres. El mundo exterior dejó de importar. El tiempo se midió en suspiros somnolientos, en pañales cambiados, en las primeras sonrisas de nuestra hija y en las madrugadas interminables donde el agotamiento se mezclaba con una felicidad absoluta. Por supuesto, nuestra familia ha estado viniendo a visitarnos, ansiosos por conocer a la nueva integrante. Pero la mayor parte del tiempo, solo éramos nosotros. Nuestra pequeña familia, en su propio universo. Una nueva etapa, un nuevo ritmo de vida. Y aún estábamos aprendiendo a caminar dentro de él. Pero hoy… hoy esa burbuja explo

