Narra Andres Herí sus sentimientos. Sé que lo hice. Y lo dejó claro en su rostro cuando entró a mi oficina el lunes por la mañana. Me siento fatal por no poder tranquilizarla, pero al mismo tiempo no quiero darle falsas esperanzas. No sé cómo terminará esto. —Buenos días —saludo a Magaly mientras ella deja sus cosas en la silla que está al lado de mi escritorio—¿Cómo estás? —Bien, gracias —toma los exámenes que tengo que calificar de mi escritorio y el bolígrafo rojo que siempre usa— ¿El resto de tu fin de semana estuvo bien? Asiento. —Estuvo bien. —Qué bien—se sienta y centra su atención en los papeles. Sé que está intentando expulsarme, protegerse. Lo entiendo. Lo entiendo. Si yo estuviera en su lugar, haría lo mismo. Tiene todo el derecho a desconfiar de mí. Estoy en una posic

