El alma de Amanda estaba inundada por la tristeza, pues ella juraba que, de algún modo, Harmon tendría que quererla, luego de haber pasado por tantas cosas juntos, tanto tiempo conviviendo. Al principio se cegó cuando sus cuerpos encajaban a la perfección, pero poco a poco, aquella conexión se fue desvaneciendo. Se hizo trizas por parte del contrario, no por ella, que a pesar de no estar cien por ciento convencida de que él era el indicado o lo más parecido a esto, igual se enamoró hasta los huesos, aunque no le gustara admitir tal cosa. Le gustaba pensar que tenían una relación, y a pesar de que Harmon intentó acercarse a ella en varias ocasiones y solía ser mucho más amable desde que lo conoció, eso no significaba nada. No la marcó, no le pidió matrimonio, no oficializó nada. Ya estab

