En momentos como ese, ni siquiera que Harmon tuviera una pareja destinada que no fuera la omega de cabellos dorados y de mirada intensa, era importante. Amanda seguía en el bunker junto a la vecina de Meryl, la esposa de su tutor y su bebé. Habían pasado alrededor de unas tres horas allí dentro cuando comenzaron a resonar pasos por encima del techo del lugar. —No se alarmen, de seguro es mi esposo, ha ido a hacer la compra— informó la mujer rolliza. Esta se levantó y caminó hacia la entrada del espacioso cuarto, cuando estuvo allí, subió hacia la casa, en eso, Meryl le devuelve una mirada a Amanda como queriendo saber si lo que hacían estaba bien. Dejar salir a alguien aún en ese peligroso momento era un riesgo, pero la mujer tenía confianza en los pasos de su marido, así que no la

