En la habitación, Lucas busca de quitar con ingenio su blanco vestido, Zoé se exaspera interiormente y lo esquiva con la excusa de su embarazo. —No me siento bien, Lucas. —Si es por tu embarazo, Alfred, me dijo que aún embarazada podemos tener intimidad—insinúa. —No estoy de ánimos me duele la cabeza. —Últimamente has estado muy distante—reprocha con sutileza. —¡Te parece poco estoy embarazada! —Lo dices con desagrado. —No digas tonterías, Lucas. —Vi que platicaba con Elijah—va directo al grano. —No me digas que me celarás de tu propio hijo, quien te recuerdo pronto será cura—señala con dureza. —Lo siento, querida. —Sabes que, en el fondo, Lucas, eres posesivo y arrogante. Me tienes aislada en estas cuatro paredes para que nadie me mire. Prácticamente me prohíbes ver la luz de

