Baje las escaleras del nuevo hotel de papá, aún no revelaba el nombre decía que era una sorpresa, este vestido de color vino que se ajustaba a mis caderas, con una abertura desde la mitad del muslo y un escote profundo hasta la intercepción de mis senos y los hombros desnudos, me hacía sentir ridícula Parecía una pequeña princesa y eso me ponía peor, no quería soportar esos comentarios fuera de control, quería estar sentada en la tumba de mamá y llorar libremente, mi cabello recogido en una trenza que terminaba en una coleta, y el maquillaje que terminaba de adornar mi rostro, quería salir de ahí y dejar de ser la actriz de esta obra de teatro ridícula —Camille, Feliz cumpleaños —se me acercó Adrien junto a su familia, fingí una sonrisa y el tomo mi mano para dejar un beso en ella — gr

