—Alex —menciono su nombre en un suspiro. Él viene hacia mí en dos zancadas, me besa sujetándome de la nuca y metiendo la lengua en busca de la mía. —No creí que volvería a verte —asegura con un tono bajito mirando atrás sosteniendo la mirada de Luis. —Entrar, es mejor que no nos vean juntos —nos indica volviendo a la seriedad, eliminando de golpe esa pasión que tanto lo caracteriza. Me doy cuenta de que Luis lo observa con desconfianza y recelo, lo odia, Alex es culpable de que Sara tuviese que prostituirse en contra de su voluntad. —Necesito tu ayuda, Alex —empiezo. —Lo sé, ¿por qué otro motivo vendrías? —contesta colocándose como al principio, de espaldas a mí, deleitándose con las vistas de las luces de la ciudad, o más bien, evitando mirarme. —Espérame fuera —le pido a Luis. —N

